La temática del blog es trazar un tópico mensual comentado por distintos autores y debatir posturas. Para hacerlo como correspode se recomienda fundamentar las posturas y en todo tener un apertura a la verdad. De esta manera no van a ser meras discusiones infructuosas sino verdaderas disputatio donde se clarifiquen idéas.

DEBATE DEL MES DE FEBRERO: "LA FILOSOFÍA, ¿PRAXIS O CONTEMPLACIÓN?"

¿Qué es la filosofía? ¿se puede definir? ¿Como la definen los grande pensadores? ¿Para qué sirve? ¿Sirve para algo?
Preguntas que surgen y resurgen una y otra vez a lo largo de la historia ¿Por qué?

viernes, 25 de febrero de 2011

REALISMO METODICO


“Aristóteles y Santo Tomás consideran la existencia del mundo exterior como evidente; no experimentan ninguna necesidad de pasar por el cogito. No porque el cogito no sea, también él, una evidencia, sino porque no condiciona nuestra certidumbre de la existencia del mundo exterior” (pág. 24, El realismo metódico, Gilson).

“En efecto, todo idealismo tiene su origen en Descartes o en Kant, o en ambos a la vez, y cualesquiera que sean sus notas individuantes, una doctrina es idealista en la medida en que, ora con relación a nosotros, ora en sí, convierte el conocer en condición del ser”. El realismo metódico. Etienne Gilson, pág. 63

“Formulada en los términos más sencillos, la cuestión se reduce a lo que se ha llamado ‘el problema del puente’. Ahora bien: como ha demostrado L. Noel en sus penetrantes Notes d’epistémologie thomiste (pág. 33), el problema así concebido resulta todo él de una imaginación espacial; se pone de un lado el objeto, del otro el conocimiento, y se pregunta cómo puede el objeto estar donde está y, al mismo tiempo, estar fuera de donde está, o sea, como suele decirse, en la conciencia; o cómo puede la conciencia, sin dejar de ser ella misma, salir de sí para trasladarse al objeto. NO TRASCIENDEN LA IMAGINACIÓN (jcm). Además, como L. Noel ha dicho también en términos definitivos, el pensamiento no supera este estado de la imaginación ingenua sino para meterse en un callejón sin salida, porque no se pueda pasar un puente si éste no existe; ahora bien: aquí no hay tal puente. El pensamiento que toma como punto de partida una representación no llegará jamás al otro lado: ‘El doble representante nunca nos permitirá remontarnos a la cosa. Desde el momento en que estamos en la inmanencia, el doble no es más que un término mental y nunca pasará de esto. El principio de causalidad no introducirá aquí modificación alguna: de un gancho pintado sobre una pared no se puede colgar más que una cadena igualmente pintada sobre la pared. La creencia y la afirmación dogmática la introducirá todavía menos: siendo esfuerzo interior, no puede hacernos salir de los límites de nuestra prisión’. (pág. 73)”. El realismo metódico. Etienne Gilson, págs. 64-65

“Renunciemos a la ilusión de un fuera y de un dentro, situémonos en el orden de lo inteligible en el punto indivisible donde se juntan las cosas y el espíritu, y podremos, sin sacrificar nada del uno ni de las otras, estudiar sus relaciones (Notes d`epistémologie thomiste, pág. 80)”. El realismo metódico. Etienne Gilson, Madrid, Rialp, 1974, pág. 68.

Cogito, ergo res sunt, es el cartesianismo, es decir, la antítesis exacta de lo que se considera como el realismo escolástico, y la causa de su ruina. Nadie se ha esforzado más que Descartes en tender un puente desde el pensamiento hasta las cosas apoyándose en el principio de causalidad; él fue, incluso, el primero que intentó hacerlo, porque se había obligado a ello al situar el punto de partida del conocimiento en la intuición del pensamiento; por consiguiente, puede afirmarse con absoluto rigor que todo escolástico que se cree realista porque acepta dicha posición del problema es en realidad cartesiano”. El realismo metódico. Etienne Gilson, pág. 65

“… es muy cierto que el Cogito me permite llegar al ser, e incluso, en cierto sentido, a un ser absoluto, porque el que yo piense no es la causa de que yo sea, sino que pienso porque soy; sin embargo, sigue intacto el problema de saber si, no siendo ser (real) el ser que yo capto más que por y en mi pensamiento, podré llegar por este camino a captar un ser (es decir, el ser real extramental) que no sea del pensamiento”. El realismo metódico. Etienne Gilson, pág. 66

“Se puede comenzar con Descartes, pero no se puede terminar sino con Berkeley o con Kant. Las esencias metafísicas tienen una necesidad interna, y el progreso de la filosofía consiste precisamente en adquirir una conciencia cada vez más clara de los contenidos de estas esencias. Tal fue el resultado de los esfuerzos de Descartes y de los cartesianos. La distinción real entre el alma y el cuerpo, afirmada por la Meditación sexta, dejó planteado el insoluble problema de la ‘comunicación de las sustancias’, y otra vez nos meteremos en este callejón sin salida, si volvemos a su entrada. Por consiguiente, para volver al realismo no basta con pararse en aquel que dio el primer paso por el camino del idealismo, porque sería preciso desandar a continuación, con sus seguidores, el camino entero (…) es el colmo de la ingenuidad comenzarlo de nuevo con la esperanza de obtener resultados contrarios a los que ha dado siempre, porque es de su esencia darlos”. El realismo metódico. Etienne Gilson, pág. 67

“Es evidente que yo pienso porque existo, pero no es evidente en modo alguno que yo piense las cosas porque las cosas existen; el ser absoluto que percibo inmediatamente en el Cogito no puede ser sino el mío, y ninguno más. Por consiguiente, tanto si la operación por la cual percibo un objeto como distinto de mí es una inducción mediata, como si es una captación inmediata, el problema es siempre el mismo; partiendo de un percipi no se alcanzará jamás otro esse, sino el del percipi”. El realismo metódico. Etienne Gilson, pág. 71-72

“Un más allá del pensamiento ni siquiera puede pensarse; esto no constituye sólo la fórmula perfecta del idealismo, sino también su sentencia de muerte; porque, para la filosofía, tan indispensable es lo no pensado como el pensamiento, y, si el entendimiento no puede salir de sí para ir a las cosas cuando parte del pensamiento, esto prueba que no es de allí de donde se tiene que partir”. El realismo metódico. Etienne Gilson, pág. 73. SI EL MÉTODO CONTRADICE LO EVIDENTE, debemos abandonarlo. No abandonar la evidencia en aras del método, sino al revés (jcm).

“… todo idealismo de tipo cartesiano, por cuanto identifica a priori el método filosófico con el de una ciencia determinada, acaba necesariamente vaciando la filosofía de todo contenido propio y se condena al ciencismo. No es un azar que, más allá de Comte y Littré, el idealismo haya acabado en esto, porque, desde el punto en que se toma un método científico como método filosófico, o bien los resultados que se obtienen son verdaderos, y serán científicos, o bien no son científicos, y no serán verdaderos. (…) Descartes, Kant, Comte, son otros tantos testigos de la impotencia del idealismo para pasar de la crítica a la construcción positiva; su intención de salvar la filosofía como ciencia distinta no es dudosa, y, sin embargo, cada uno de ellos fue seguido por una escuela que refutó su par construens en nombre de su misma par destruens. (…) a semejanza del catoblepo, toda filosofía idealista se devora los pies sin darse cuenta”. El realismo metódico. Etienne Gilson, págs. 75-77

“Descartes creyó al principio que su método salvaría todos los resultados conseguidos por la escolástica, sin ver que estos resultados estaban vinculados al método que los había obtenido. Por causa suya, y más allá de las conclusiones por él establecidas, lo real no ha cesado de dividirse en entidades imaginarias que sólo tienen apariencia de realidad. Toda cosa, al devenir en sí lo que es para el pensamiento abstracto, se disocia en una pareja de términos antinómicos que jamás podrá volver a unir toda la ingeniosidad de los metafísicos. Esta es la razón de que la filosofía moderna, en la medida en que no abdica en favor de la ciencia, parezca un campo de batalla donde luchan indefinidamente sombras irreconciliables: el pensamiento contra la extensión, el sujeto contra el objeto, el individuo contra la sociedad, todos ellos fragmentos desintegrados de lo real por el análisis disolvente del pensamiento, que en vano se esfuerza por reintegrarlos”. El realismo metódico. Etienne Gilson, pág. 77-78 Ensayo “paradoja de lo real” y su disolución por la dialéctica (jcm)

“… lo que hay que hacer es liberarse primero de la obsesión de la epistemología como condición previa para la filosofía. El filósofo, en cuanto tal, no tiene más deberes que ponerse de acuerdo consigo y con las cosas; ahora bien: no tiene razón ninguna para supone a priori que su pensamiento es condición del ser, y, por consiguiente, tampoco tiene ninguna obligación a priori de hacer depender lo que ha de decir acerca del ser de lo que sabe acerca de su propio pensamiento”. El realismo metódico. Etienne Gilson, pág. 78.

“No se trata, sin embargo, de renunciar a toda teoría del conocimiento. Lo que hace falta es que la epistemología, en vez de ser una condición de la ontología, se desenvuelva en ella y con ella, siendo al mismo tiempo explicadora y explicada, sosteniéndola y siendo sostenida por ella, como se sostienen mutuamente las partes de una filosofía verdadera. Recordamos haber oído al profesor A. N. Whitehead decir a sus estudiantes (…): ‘Cuando haya en vuestra teoría del conocimiento algo que no funciona, es que hay algo que no funciona en vuestra metafísica’. (…) Por consiguiente, el remedio para el idealismo no puede buscarse por la vía del idealismo; el único remedio posible es cambiar la metafísica. No se puede superar el idealismo oponiéndose a él desde su interior, porque no es posible oponerse a él de este modo sin haberlo acatado previamente; lo que hay que hacer es dispensarle de existir”. El realismo metódico. Etienne Gilson, pág. 79-80.

“El saltus mortalis que precipita a la doctrina en el abismo de sus consecuencias es anterior a la doctrina misma, y el idealista puede justificarlo todo con su método, excepto a sí mismo, porque la causa del idealismo no es idealista, ni está siquiera en la teoría del conocimiento: está en la moral”